¡¡Muere una adolescente, de 12 años, por coma etílico!!!

Me ha afectado mucho esta noticia porque tengo hijos de esa edad, pero no quiero entrar en detalles morbosos, solo quiero preguntar:

¿Prohibir o educar? .

Le podía haber pasado a cualquiera de nuestros hijos. Todos estamos expuestos. Nuestros hijos nos lo están pidiendo a gritos y nosotros, los padres, somos los responsables.

¿De verdad tienen que ocurrir desgracias como esta y tantas otras para que reaccionemos?, al parecer los casos de intoxicación y comas etílicos están a la orden del día los fines de semana, pero hasta ahora no había muertos. Y claro, “eso no me pasará a mí, claro, eso solo le pasa a los demás. Además yo ya le digo a mi hij@ que no beba”.

¿Debemos prohibirles o debemos educarles? Con qué moral les podemos decir a nuestros hijos que no beban porque es malo, cuando nosotros, sus padres, bebemos casi a diario y a veces incluso más de una vez al día. Es un acto social. Quedamos a tomar el aperitivo con vino y cañas, quedamos a cenar con amigos por ahí o en casa  y  nunca falta el alcohol, pero ¿qué cinismo es este?. En nuestro lenguaje hablamos de quedar a tomar una caña, tomar unas copas, ir de vinos, etc…. ¿Qué aprenden ellos?. Nuestros hijos nos imitan y repetirán patrones la gran mayoría de las veces.

Yo os pregunto, ¿Cuántas horas habláis con vuestros hijos? más importante aún, ¿Cuántas horas les escucháis? muchos os sorprenderíais si pudierais observarles tras un agujerito cuando ellos no os ven.  ¿Os habéis fijado alguna vez que sólo les preguntamos lo que hacen? . ¿Qué sabéis de ellos, de su SER?.

Hace dos años yo aprendí a escuchar, y no imagináis lo maravilloso que es. Se descubren tantas cosas de las personas, tantos talentos, tantos miedos, inseguridades y también tanta bondad, tanta grandeza …

Ahora me doy cuenta de toda la razón que tenía mi madre, que ha sido la mejor coach que jamás he conocido, y es que ella, siempre ha defendido que a los hijos hay que escucharles, educarles, formarles en valores y luego darles libertad. Así ellos podrán experimentar, equivocarse, aprender, caerse, levantarse pero siempre con los pilares de los valores que son lo más importante. Para esto se necesitan muchas horas de escucha, pero no cuando empiezan a salir, sino desde que tienen uso de razón. Y sobre todo, resaltar siempre sus virtudes. Con ello, les reforzaremos, aumentaremos su autoestima y haremos de ellos personas más seguras que podrán tomar mejores decisiones.

Supongo que este tema me toca más que otros en este momento, primero porque tengo 3 hijos y también porque ahora a mi alrededor todas mis conocidas tienen hijos adolescentes que en cualquier encuentro, empiezan a compartir conmigo todas sus inquietudes, problemas y preocupaciones que tienen con ellos. Unos no quieren estudiar, otros no van a clase, otros no se comprometen con nada. Y yo escucho. Sí, escucho atentamente y pienso yo haría, yo diría pero, ¿no es cierto que resulta mucho más fácil cuando el hijo no es el tuyo?.

No sé si es que ahora nos hemos excedido en sobreprotección, en diagnósticos, en atención psicológica en los propios institutos, etc, que, ¿no será que tal vez buscamos donde no hay? Y cuando encontramos algo ¿queremos delegar el problema en lugar de enfrentarnos nosotros a él?

Pues mi opinión es que bastaría, en la mayoría de los casos, con “escúcharles”. Ayudarles a encontrar su esencia, su SER. Y dejar de preguntarles lo que hacen.

 “Educar a un hijo no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía” (John Ruskin).

El coaching no ha inventado nada, simplemente ha sido una forma de recordarnos aquello que ya hacían nuestras abuelas y nuestras madres y que teníamos olvidado, escuchar y mantener conversaciones.

 

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